16.8.10

Las letras mudas se desangran en la garganta

y en las lágrimas.

Desgarra la culpa, despedaza, despelleja

la carne marchita.

Y el recuerdo abrasa ahogando en cenizas

la risa.

21.5.10

Llegó un momento en que empezó a notar que se hacía viejo. Pero no era porque le fallara la vista, o porque no recordara qué había comido el día anterior, o porque ya no fuera capaz de subir los peldaños de dos en dos. Comenzaba a experimentar un dolor de ritmo artrósico a nivel de ciertos recuerdos.

12.5.10

¿Sabes abrir piruletas?

Sonrisa derretida en una taza de café.


Los recuerdos migran, chocan y estallan en latido.
De quien me enseña a vivir, a abrir piruletas.
Del mejor cronotrópico positivo,
de lo que sigue siendo una buena excusa
para salir de la cama por las mañanas,
o de una catedral que aún se sonroja.


Tazas de café derretidas en sonrisas.

29.4.10


Una trenza de pelo negro

se hace enorme y te envuelve

como una enfermedad.

Te agarra de la garganta,

paraliza las cuerdas vocales,

y encharca los pulmones:

los baña en aceite hirviendo.

Mil insectos minúsculos

hurgan con sus miles de patas

en tus órganos sólidos,

haciendo agujeros,

creando lagunas inmensas

y vacías.



Vacías…



25.6.09

Adagio


Dentro de la cajita de música daba vueltas una bailarina, como en la gran mayoría. Quizá el simple tópico que suponen sea lo que les da un aire especial. Las notas saltaban en un gran círculo anaranjado, al son del giro de la muñeca. La voz de él encandilaba a la cajita y a la bailarina, y la habitación se teñía de calor con el vibrar grave de su garganta. Voz cobriza y profunda, sus palabras marcaban el ritmo de la danza del mundo. Ella le miraba atenta, tratando de atrapar todos los sonidos en un solo instante. Tras un par de compases de escucha, comenzaba a cantar, alegre. Cantaba un aria de gratitud, de sentirse protegida en esa voz que todo lo envolvía. Solo sentía paz.


Ayer viste un edificio agazapado
tras los cipreses escarpados.

Te miraba furioso,
celoso quizá de tu fortuna
y se le encendían los ojos.

Ajeno a todo
o más consciente que nunca del mundo
estabas tú,
revelado en blanco y negro,
con el sol poniéndose en tus pupilas.

De tu mano una mujer
se aprendía de memoria
cada detalle de tu piel,
tratando de impregnarse de ti
hasta que volviera a verte.

3.5.09

Vida

Se quedó inmóvil frente al espejo y observó la cuadrícula de azulejos blancos tras él. El baño brillaba con luz de quirófano. Dejó caer sobre el lavabo una pecera redonda y entre los añicos vio girar aleteando a su único habitante. Esperó una vuelta y dos vueltas, y las que se tomó para desaparecer por el desagüe. Luego apagó la luz y salió como había entrado.

27.4.09

La risa del madroño gorgoteaba a lo lejos, en la esquina oeste de algún seno venoso.

Y caía en palabras empapadas como un cuentagotas.



4.3.09

Miércoles

Esta tarde te pediría
que me subieras a ese raíl de tu sonrisa,
que me miraras de reojo,
que me regalaras un pedacito de vida.

Te pediría
que inventaras un mar de deseos,
que imaginaras un sabio corcel,
un girasol despistado,
una lágrima helada,
y una sábana de besos.

En esta tarde te pediría
lo que eres cada tarde.
Sólo.
Tú.

30.1.09

[En] Blanco

La nieve te escupe directamente a los ojos.

Asco.

Cielo mudo, suelo mudo.

Y desearías que te escupieran también.

La indiferencia.

Día en blanco.

La gente se esconde bajo el abrigo.

Para no mirarte a la cara.

Tu fracaso.

No va a dejar de nevar.

Aunque la rabia te intoxique.



A lo mejor los copos te hacen cosquillas.

Absurdo.

Solo te puedes reír.

Ceguera.

Pararse y oír al suelo, al cielo.

Escuchar los murmullos de los abrigos.

Día blanco.